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La epidemia silenciosa del acoso escolar

Se estima que el 15% de los alumnos sufre algún grado de agresividad, que puede llevar a consecuencias extremas

"El acoso escolar entre alumnos es una epidemia silenciosa. En casos extremos, puede derivar incluso en la muerte tanto del chico hostigado como del hostigador", dijo a LA NACION el investigador Jorge Srabstein, director de la Clínica de Problemas Médicos Asociados con la Intimidación Escolar del Centro Médico Nacional Infantil de Washington. Advierte, así, sobre una forma de violencia que incide a su vez en el rendimiento escolar pues provoca ausentismo, bajas notas y abandono de la escuela.

El especialista argentino indicó que no hay cifras en nuestro país sobre este problema, conocido en el mundo con el nombre de bullying . Pero dijo que si se extrapolan estadísticas preliminares de los Estados Unidos, el 15% de los adolescentes de 11 a 17 años participaría en el acoso escolar, como víctimas o victimarios, al menos una vez por semana. El 10% de ellos estaría ausente de la escuela la mitad del tiempo de clase y el 7% tendría notas muy bajas.

Además, el 33% sufriría de depresión, cefaleas, dolores abdominales e insomnio por lo menos una vez por semana, mientras que el 22% habría tratado de suicidarse y el 20% llevaría a la escuela un arma o elemento cortante en algún momento del año. Los alumnos que no participan en el acoso escolar presentan un 50% menos de problemas educacionales y de salud que los compañeros involucrados en este tipo de agresiones.

Casos preocupantes

"Tuve el caso de un alumno de 6° grado, a quien sus compañeros no querían. Decían que hacía cosas que a ellos les molestaban y lo dejaban solo. El chico, por su parte, se quejaba de dolor de panza y de cabeza, y llegaba tarde. Comenzamos a indagar, y descubrimos que le tenían celos por el gran bagaje de conocimientos. Al ser un grupo muy competitivo, les generó antipatía porque no podían alcanzarlo", contó Mariana Kelly, docente de un colegio privado bilingüe porteño.

La docente aseguró: "Si no se tiene el ojo preparado, es difícil de detectar", y agregó que es fundamental hablar en forma individual con los chicos.

Como es un fenómeno multicausal, los especialistas coinciden en la necesidad de que interactúen los ámbitos de salud pública y educativo para dar una respuesta a este problema. Situaciones que pueden parecer de acoso muchas veces no lo son. Sólo se puede hablar de "bullying" cuando un alumno es victimizado de forma repetida y durante un tiempo prolongado por otro alumno, que actúa como líder y que es apoyado por un grupo.

"El acoso escolar no es culpa de las escuelas y no es cuestión de encontrar culpas, pero sí es importante que los colegios contribuyan a su prevención, detección y derivación médica y psicológica", consideró Srabstein.

Silvia Baetta, médica psiquiatra que trabaja con problemáticas que vinculan el ámbito educativo con la salud, sostiene: "Las escuelas miran para otro lado por miedo al avance de los padres. Hay que trabajar tranversalmente, en equipo, incluidos los propios padres".

El Instituto Nuestra Señora de Fátima, de Villa Soldati, formó un equipo multidisciplinario para el turno noche, con el fin de detectar qué problemas tienen los chicos y procurar solucionarlos. La jefa de preceptores es asistente social; la regente es psicóloga y una auxiliar técnica es psiquiatra infanto-juvenil y profesora.

"El bullying es uno de los tantos tipos de violencia en el aula. Empezamos a charlar con los docentes y pensamos organizar un programa específico sobre violencia, que incluirá el acoso entre chicos", contó Diego Idone, director de estudios del colegio.

El problema no reconoce niveles socioeconómicos, aunque sí cambia la modalidad de la agresión según esta segmentación. "En colegio de bajos recursos, la agresión es más directa y física, como golpes. En los de recursos más altos es más encubierta; por ejemplo, el caso de una chica a quien le trucaron una foto, que volvieron ofensiva, y la subieron a un blog para que los compañeros dejaran mensajes en Internet sobre ella", explicó Flavia Sinigagliesi, médica pediatra, especialista en trastornos del desarrollo y miembro del equipo Bullying Cero Argentina.

Los especialistas coinciden en que la sociedad es hostigadora; hay familias que lo son y esto se advierte incluso en que los padres del chico hostigador no ven como algo malo que su hijo sea líder en una situación así y prefieren este rol a que su hijo sea el hostigado. El agresor suele ser carismático, creativo, seductor, y el agredido es retraído, con poca capacidad de comunicación.

"La sociedad adhiere más al hostigador que al hostigado. Nosotros nos reímos de cómo cargan a otro; es un modelo social. Sólo los adultos pueden parar el bullying ", sostuvo Sinigagliesi.

Al respecto, el ministro de Educación porteño, Alberto Sileoni, dijo que en la ciudad "no hay demasiada certeza de que se den casos de bullying ".

Adelantó que el año que viene recuperará los consejos de convivencia, que no funcionan en todas las escuelas, y juzgó decisiva la reconstrucción de los vínculos y la confianza. El mundo adulto, según admitió, tiene una gran responsabilidad.

Por Laura Casanovas
De la Redacción de LA NACION

Cómo prevenir

Síntomas de hijos hostigados



No quiere asistir a clase; síndrome del domingo a la tarde; golpes y moretones injustificados; irritabilidad, nerviosismo, cambio de carácter, tristeza; insomnio; no tiene ganas de ver a sus amigos ni de salir de su casa; pérdida de objetos; pérdida del dinero que los padres le dan para el recreo; cefalea y dolores abdominales.


Signos en el colegio


El alumno se ausenta con frecuencia; tiene problemas para integrarse con sus pares; desciende el rendimiento académico; no entrega la tarea a pesar de que la hizo (quizá se la robaron).


¿Qué hacer?


Las intervenciones no son iguales para todos los casos y hay que evaluar cada situación en particular. Ante todo, se deben detener las conductas de acoso en el momento en que se producen. Citar a los padres del agresor y del agredido para informar sobre la situación; elaborar con el hostigador un compromiso por escrito de no agresión; enseñar técnicas al hostigado para que pueda afrontar situaciones conflictivas.


Algunas sugerencias


Las escuelas pueden establecer reglamentos de convivencia entre los alumnos; fomentar la ayuda entre pares; poner una efectiva supervisión en el recreo; promover reuniones entre padres y profesores.




Link corto: http://www.lanacion.com.ar/843205

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